Historias para el fin de año
Por María del Carmen Rivero Quinto:
Sin lugar a dudas, este 2025 ha sido uno de los años más intensos en actividades de todo tipo para quien firma esta columna, desde asuntos particulares hasta las empresas de investigación más demandantes en las que me he involucrado. De hecho, uno de esos proyectos me puso de lleno a leer exclusivamente novelas históricas. En esta ocasión, Ianvs, columna sobre temas histórico-literarios, dedica su última colaboración de este año a comentar algunas de esas lecturas que en los próximos días de fiestas y descanso podrían ser buenas opciones para disfrutar de las últimas luces de este ajetreado 2025.
Es difícil definir a la novela histórica, uno de los subgéneros literarios más amplios, complejos y polivalentes que divide las perspectivas. Para algunos, el problema viene de intentar definirla desde su elemento adjetivo, es decir, desde la etiqueta histórica, mientras que hay quienes enfatizan que primero y ante todo se trata de una novela, esto es, de una ficción. Desde nuestra perspectiva, se trata de un género, o sea, un conjunto de obras cuyas características han ido variando con el tiempo, pero que conllevan una serie de rasgos específicos que las distingue de otro tipo de novelas. En una novela histórica siempre estará presente alguna anécdota o un momento histórico de todos reconocible, sin que seamos especialistas en Historia, y ese suceso se entreteje con la trama de un texto ficcional. Nunca el pasado será un telón de fondo ni el contexto temporal de un argumento literario.

Podemos numerar, entre sus rasgos más característicos que se han mantenido estables a pesar de los cambios de siglos desde el XIX, la hibridez, resultado de la incorporación de materiales históricos a un mundo de posibles y no de certezas, la preeminencia del pasado en el mundo ficticio o, la más importante y la que más trabajos ha dado a los especialistas, la ficcionalización de los personajes históricos. A ello podemos sumar que la novela histórica nos habla de distintos pasados, de sucesos demasiado estudiados por la historiografía o bien, como sucede en la mayoría de los casos, de eventos poco conocidos del pasado de una nación, recupera figuras que fueron secundarias desde la perspectiva académica, pero gracias a las cuales la historia como la conocemos es lo que es, la historia es dadora o constructora de personajes novelescos.
Una nota más. La novela histórica populariza a la historia, la hace accesible, comprensible e incluso atractiva para todos gracias a que muchos escritores leen, primero, muchos libros de historia y también muchos historiadores se hicieron devotos de Clío por leer, primero, novelas, tal como lo comparte Jean Meyer al admitir que él se hizo historiador al leer las obras de los grandes maestros rusos.
En fin, la tradición de la novela histórica es una de las más dinámicas y nutricias de los cánones literarios del mundo y en especial el de México y de la que se puede hablar, incluso, de un gremio de lectores, un exigente círculo que busca la efectividad de la verosimilitud por sobre la convicción de los hechos. Para ilustrar estos puntos, recomiendo las siguientes obras.

León, el Africano de Amin Maalouf (1986)
Poco antes de 1492, es decir en la última etapa de la Edad Media, en la península ibérica nace un niño entre dos reinos: el de Castilla y el de los árabes. A Hasan lo llaman también el Africano, aunque no se reconoce de ningún país ni de ningún continente, sino hijo del camino y la caravana. Este libro es la historia de su vida desde su nacimiento, en la Granada rendida y recuperada, hasta su vejez en la Roma del Renacimiento por lo que podemos pensar en un relato de iniciación. Según se aprecia, este personaje es uno ficticio, no se trata de Fernando tampoco de Tárik o Rodrigo, pero su vida se ve afectada por los sucesos de la España árabe y el tránsito entre dos periodos históricos. Dividida en cuatro libros, el de Granada, el de Fez, el de El Cairo y el de Roma, el escritor franco-libanés siente una especial predilección por el mundo medieval desde la visión árabe y es, tal vez, junto con Rushdie, uno de los escritores más interesados en estrechar los lazos entre Oriente y Occidente.

El sueño del celta de Mario Vargas Llosa (2010)
En el año en el que el escritor peruano obtuviera el mentado premio Nobel de Literatura, se publicó esta novela, que no es la única histórica de su novelística, aunque tal vez de las menos conocidas. Polémicas en torno al autor aparte, aquí se cuenta la historia de Roger Casement, uno de los primeros europeos, irlandés, en denunciar los horrores del colonialismo belga en el Congo y en la Amazonía. De sus viajes a estas dos zonas se conservan dos informes que en su momento se hicieron públicos y escandalizaron, tanto como pudieron, a la sociedad inglesa que ya disfrutaba del té, del chocolate y las maderas preciosas que su corona explotaba y exportaba de otros lugares. Esas sangrientas imágenes convierten a Casement en un nacionalista irlandés y su historia se cuenta desde la cárcel, mientras espera la pena de muerte por rebelarse contra el Imperio británico al que sirvió.
La casa del dolor ajeno de Julián Herbert (2015)
Una novela suigéneris tanto por sus recursos y estructura como por sus partes constitutivas. Para muchos resulta un ejemplo de la llamada (y mal entendida, creo) nueva novela histórica; para otros es algo más cercano a la llamada (y muy de moda, pienso) novela de no ficción. A la inversa de lo que sucede con la novela histórica tradicional (esto de las etiquetas es un problema), la cual encuentra su correlato en las fuentes historiográficas, en ésta, Herbert realiza el proceso inverso al enterarse de la matanza de más de 300 chinos en Torreón, a inicios del siglo XX y en plena Revolución. El autor descubre que para informarse de su tema las fuentes documentales no existen o su acceso es restringido por lo que decide recurrir a otros materiales poco reconocidos por la historiografía como las fotografías o las cartas, además de que al final del libro el autor incluye una sección con las fuentes consultadas lo que nos hace preguntar si se trata de una novela o de un documental. Lo cierto es que el autor logra empatar el problema de la migración y los peligros que corren los migrantes que hoy atraviesan México con aquel microgenocidio ocurrido hace más de un siglo y del que muy poco se sabía, aunque he encontrado mención a la presencia de la mano de obra china en el periodo en otras obras literarias.

Cuentos del General de Vicente Riva Palacio ([1896]2019)
Dos fueron los pseudónimos bajo los que escribió este hombre multifacético: Cero y General. Por tanto, estos son sus cuentos. Exiliado en España, en 1886, por cortesía de don Porfirio y su mal temple para con sus detractores, Riva Palacio llegó a Madrid a cumplir labores diplomáticas y también a morir. En el interín entre ambas acciones, don Vicente escribió muchos cuentos que se publicaron en varios periódicos de aquel país y tuvo buena acogida entre los lectores y se compilaron como libro el mismo año que su autor moría. El México colonial y la España del siglo XIX son los escenarios de historias que recuperan costumbres de aquellos años y a personajes como Cortés, en el cuento “Los azotes”, o nos reímos a costa de los infortunios de “El hermano Cirilo”. Quien pensara que don Vicente no podría ver sus cuentos en una editorial de tanto caché como Random House y más de dos siglos después debe sentarse en estas fiestas a leer las vivencias del General.

No me cerrarán los labios de Abia Castillo (2021)
Demasiadas son las mujeres novelistas mexicanas que escriben novela histórica. Realmente debemos concentrar nuestros trabajos en escribir detalladas historias literarias sobre ellas y sus obras, ya que no son autoras de una sola obra de corte histórico, sino de varias, como es el caso de Carmen Boullosa, o de jóvenes como Abia Castillo, quien recrea la vida de Hermila Galindo, a la que saca del escritorio en el que fungió de secretaria de Venustiano Carranza para fundar la revista Mujer moderna e incluso postularse candidata a diputada general. La novela (y esto parece sintomático de algunas novelas históricas) empieza con un relato de iniciación en el que Hermila cuenta su vida desde su nacimiento hasta la temprana juventud y cómo se va vinculando con personajes destacados del periodo revolucionario.
En espera de que el siguiente año Ianvs cuente con el favor de su lectura, les deseo felices fiestas y un pleno y merecido descanso entre libros con tramas históricas.


