El problema con la biopic de The Beatles

Por Emiliano Peña:

La expectativa que existe alrededor de las 4 biopics de The Beatles es gigantesca, en palabras de Peter Straughan, uno de los guionistas detrás del proyecto, “será una experiencia cinematográfica sin igual, comparable con Rashomon: cuatro perspectivas del mismo monstruo cultural”.

Porque hablar de John, Paul, George y Ringo, tanto como banda como en sus carreras solistas, es hablar de una bestia en la historia de la música, y como en toda mitología, existen múltiples formas de narrar la leyenda: biografías autorizadas y no autorizadas, documentales oficiales y piratas, revistas, podcasts, libros, archivos interminables… Con todo este material disponible, surge inevitablemente la pregunta: ¿de verdad es necesaria una película biográfica?

Si algo nos ha enseñado el auge de estas, en el ámbito musical, es que la mayoría terminan siendo fórmulas gastadas o, peor aún, cash grabbers descarados.  Bohemian Rhapsody es el ejemplo más famoso y exitoso: una disque-película que funciona como un gran montaje de videoclips, se conforma con el reconocimiento inmediato de las canciones; más allá de eso, no construye una conexión emocional, ni se preocupa por revelar a los hombres detrás del mito.

Luego está el otro extremo, en el que se utiliza al showman del escenario para revelar al humano detrás de la leyenda, BetterMan es la muestra de ello, pues en lugar de usar las canciones para provocar nostalgia barata, las utiliza como herramienta narrativa. Donde Queen escondía los vicios de sus integrantes, Robbie Williams se expone frente a la audiencia, se muestra como la mierda de persona que fue, sin filtros, y desde ahí nos da un retrato completo de lo que es la fama.

Con esto en mente, es imposible no preguntarse cuál será el enfoque de estas cuatro películas sobre The Beatles. ¿Nos van a mostrar a un Lennon distante y, a veces, violento con su mujer y su hijo? ¿A un Paul manipulador y controlador? ¿A un George mujeriego y drogadicto? ¿A un Ringo alcohólico?

La única forma de justificar una historia contada miles de veces es derribar el mito. Eso implica mostrar a estos hombres tal como eran: con sus errores, contradicciones y aciertos.

Lennon no se puede reducir sólo a un pacifista, pues antes de “Imagine” hubo ira, celos, abandono y una violencia que él mismo reconoció, su pacifismo nace de la culpa y de la necesidad de corregirse: quitar eso de la ecuación no lo hace más admirable, lo hace una caricatura.

Paul, por otro lado, siempre ha sido el beatle “bueno”, el profesional y el que mantuvo el barco a flote, pero también fue el más controlador, el que necesitaba que todo funcionara a su ritmo… Su talento venía acompañado de una necesidad casi obsesiva de orden, de continuidad. Si la película no se atreve a mostrar ese carácter, su relación con los otros 3 no se entiende y su emocionalidad frente al caos de la separación de la banda tampoco.

George Harrison suele quedar atrapado en la imagen espiritual, era el callado y el profundo, pero también estaba lleno de frustración, pues cansado de ser el tercero, y harto de que sus canciones fueran relegadas, estaba perdido entre la fama y una búsqueda mística que a veces parecía más escapismo. Su acercamiento al hinduismo no fue sólo una epifanía, también fue un alivio. Si no se hace hincapié en esto, George vuelve a quedar como lo que más detestaba: ser el beatle del fondo.

Y luego está Ringo, el menospreciado, el simpático, el baterista… Ringo fue el más inseguro, el que menos encajaba en la narrativa del genio y también el que más se perdió cuando el grupo se rompió. Su alcoholismo no es una nota al pie, es una consecuencia directa de haber sido parte del fenómeno más grande del mundo, reducirlo al alivio cómico sería repetir el mismo desprecio que lo acompañó durante años.

Por otro lado, hay algo estúpido en recrear lo que ya existe. ¿Qué aporta volver a filmar el concierto en la azotea cuando el original está ahí? ¿Qué ganamos viendo actores interpretar discusiones que conocemos palabra por palabra gracias a libros, archivos y grabaciones reales? Con The Beatles, el problema nunca ha sido la falta de información, sino su sobreabundancia, y es justamente ahí donde la biopic se enfrenta a su mayor desafío: no descubrir hechos nuevos, sino encontrar una forma de decir algo distinto con todo lo que ya sabemos.

El problema es que la película biográfica suele confundir esa búsqueda con la reproducción exacta, el peinado correcto, el acento preciso y los gestos calcados, cuando la verdadera fidelidad estaría en capturar el desgaste de ser un Beatle.

Si estas cuatro películas quieren justificarse, deben entender lo que Rashomon planteaba desde el inicio: no basta con repetir los hechos desde distintos ángulos, lo esencial es revelar las verdades emocionales que cada perspectiva oculta. The Beatles no necesita otra celebración, necesita una mirada capaz de fracturar el mito. De lo contrario, nos espera otro Bohemian Rhapsody. Y eso, siendo honestos, sería una traición directa al legado del monstruo de Liverpool.

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